Aquí me bajo

 

Que me abandone la esperanza
y me escupa su ira incontenible,
y se burle, y se burle.

Que me destierre la noche
y me ataquen sus hordas de estrellas,
y la Luna se quede impávida.

Que me descarne la agonía
y mis víceras alimenten el dolor,
y el frío descanse sobre mis huesos.

Que me abandone la felicidad
y mi alma intente reclamar dignidad,
y la ignoren, y se la niegen.

Que me acoga finalmente la muerte
y el llanto sepulte mi voz,
y el aliento se me arranque.

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Published in: on December 1, 2009 at 12:06 am  Leave a Comment  
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La morosidad

Alquilo,
por sólo un segundo,
la idea
de tu voz llamándome.

Renaces,
contra mi voluntad,
para contarme
que todavía hay
más por decir.

Que nos queda mucho más,
insistes con ganas,
mientras tibia pasa
la luna sobre nosotros.

Me levanto,
y conmigo recojo
tus labios,
para más tarde,
cuando te siga soñando.

Published in: on November 30, 2009 at 11:53 pm  Leave a Comment  
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El éxodo de la piel

“No más mi piel deseará ser tuya, ni mis palabras se escribirán para ti.

Mi cuerpo ya no será testigo-cómplice del tuyo, ni refugio mío tus labios serán.

No más mi sed. No más!.

El éxodo de mi carne comienza hoy”

Tuve la oportunidad de leer eso, y me hizo recordar cuan unido soy a mi piel, a mi cuerpo. No sé si eso es bueno o malo -sentirse tan apegado a lo físico- pero me es muy difícil evitarlo, porque soy todo piel.

Por mi piel entra la sensación del viento, el agua, el frío, el calor. Incluso los nervios a veces aparecen en mi piel. Pero del mismo modo; también el dolor se hace presente, y no queda sólo en la piel.

ExodoDeLaPiel1

El dolor se extiende por toda la carne, invadiendo sentidos, descuartizando entrañas, succionando la sangre, estorbando el ritmo del corazón, perturbando el alma, rasgando todo a su paso. El dolor no respeta solicitudes ni hace tratos.

Pero, y cómo se combate el dolor?

Hay dolores que pueden ser disminuidos con medicamentos, pero si el dolor es producto de enamorarse, o querer a alguien y sentirse decepcionado, o saberse usado y desvalorado por alguien querido. Ese dolor ha causado daño en el organismo y la piel, y por lo mismo; no hay receta médica.

Peor aún si somos seres de piel. En ese caso; creo que el dolor sólo se combate refugiándose en muchos lamidos, tiempo, y mimos. Durante el proceso de “curación”, nuestra piel irá mutando paulatinamente hasta que la piel vieja termine su éxodo, y la nueva tome el lugar que le corresponde: llenarse de sensaciones…aunque sean dolorosas.

Published in: on July 27, 2009 at 5:35 pm  Comments (1)  
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Los puentes frente a nosotros

Rara vez me percato que me dirijo a algún lugar en particular. Más bien acostumbro a seguir mis instintos, y cuando he llegado a algún lado, recién asimilo lo que he hecho.

Claro que existen excepciones: cuando intento cruzar puentes.

Los puentes tienen un sabor mágico, una sensación especial y espacial. Por cada puente existe un punto de partida y -al menos, eso se supone- otro de llegada o fin.

Enfrentarse a un lado del puente, sabiendo que debemos recorrerlo entero para recién completar la aventura de cruzarlo, es una experiencia siempre distinta; sobre todo cuando no sabemos dónde o cómo terminaremos.

Pero además, existen aquellos puentes que constantemente construimos afanosamente; o bien, sin enterarnos.

Los puentes que construímos

Construimos puentes con nuestros pares, con nuestros amigos y familiares. Probablemente no son puentes con tanto sabor a aventura pues son caminos relativamente conocidos -y a veces obligados- y mantener esos puentes en buenas condiciones muchas veces es un acto reflejo.

Pero qué sucede con los puentes que deseamos construir conscientemente?

Cuán responsables somos por la ruta trazada -si es que siquiera nosotros la definimos?

Cómo es que unilateralmente, esa ruta de pronto simplemente ya no sea accesible, cuando siempre hubo 2 puntos de acceso?

Acaso derrumbamos puentes tan rápidamente después que costó tanto esfuerzo construirlos?

No es fácil conocerse a sí mismo, y mucho menos conocer a otros. Pero cuando tenemos la oportunidad de conocer otras personas, crear puentes hacia otros mundos y maravillarnos con el viaje, qué sucede que de pronto pareciera que terminamos destruyendo esos accesos.

Creo que la  vida se empeña en que aprendamos a no derrumbar puentes, sino a construirlos, y de vez en cuando; mantenerlos, al menos para que otros puedan cruzar hacia nosotros, o hacia otros mundos.

Published in: on July 24, 2009 at 5:14 pm  Leave a Comment  
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Los sonidos de la libertad

Ayer miércoles 2 de julio del 2008, después de más de 6 años, Ingrid Betancourt fue liberada de las Farc junto a otros varios rehenes. Aunque todavía quedan rehenes de las Farc y también existen rehenes en otras partes del mundo, la liberación de Ingrid produjo en mí distintas reflexiones, de las cuales destaco esta: Qué sonidos tiene la libertad?.

Desconozco qué motiva a la humanidad a enfrentarse en guerras. No comprendo qué motiva a una persona o grupo a privar de libertad a otro ser humano. Nunca he estado en combate -y espero no estarlo- pero si he escuchado el sonido de una que otra bomba, y algunos disparos de distintos calibres. He escuchado el llanto desgarrador de quienes han perdido a un ser quierido, y he escuchado los gritos de dolor de algunas heridas.

Es cierto que la suma de todos esos sonidos quizás no es comparable con la intensidad y frecuencia de los sonidos de un combate, pero de alguna manera se me hace más facil imaginar esos sonidos y no los de libertad.

Desde ayer me percaté que estoy tan acostumbrado a no imaginar que un día podrían secuestrarme o a no visualizarme en medio de una balacera, que he perdido la valoración de la sensación de libertad. En consecuencia; ayer comencé a imaginarme los sonidos de la libertad, y creo que; en gran medida, los encuentro aquí:

  • Un beso y un abrazo apretado con mis hijos Lucas y Amaya
  • Lucas cambiando páginas de un libro que lee de noche
  • La respiración suave y pacífica de Amaya cuando duerme
  • La risa desfachatada y contagiosa de María-José
  • El motor de “la pelada”, ronroneando y esperando que la saque a pasear
  • Las olas del mar de Viña del Mar golpeando las rocas a orillas del Casino
  • El viento fresco de las lluvias a finales de otoño
  • El fuego quemando la leña en una chimenea en algún bosque del sur de Chile
  • Todos los sonidos varios que sólo María-José puede manifestar con particular elocuencia (aclaro que yo me he esforzado en imitarlos pero me resultan imposibles)
  • El abrir y cerrar de puertas de los muebles donde tengo comida
  • Los botones del control remoto todas las veces que puedo pasar de un canal a otro cuando veo televisión por cable
  • El abrir y cerrar las llaves de agua
  • La presion de mis dedos sobre el teclado del computador, sobre todo cuando busco algo en Google o utilizo algún programa de Software Libre
  • Miles Davis con un jazz muy suave y nocturno mientras escribo esta nota

Estoy seguro que hay muchas más cosas que podrían darme la sensación de libertad. Quizás tengo la fortuna de estar inmerso en una sinfonía de sonidos libertad y no logro estar consciente de ello.

El punto es que hoy me sentiría un rehén si me faltaran esos sonidos. Sería un prisionero del deseo, de la añoranza. Justamente, al revisar esa lista me percato que he sido tan mal agradecido de las libertades con las que cuento y no he valorado pues las doy por garantizadas, cuando en realidad están lejos de serlo.

Ojalá cada día pueda estar menos sordo a los sonidos de la libertad, y sean éstos replicados como ecos mensajeros para otros oídos.

Published in: on July 4, 2008 at 12:36 am  Comments (3)  
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