El éxodo de la piel

“No más mi piel deseará ser tuya, ni mis palabras se escribirán para ti.

Mi cuerpo ya no será testigo-cómplice del tuyo, ni refugio mío tus labios serán.

No más mi sed. No más!.

El éxodo de mi carne comienza hoy”

Tuve la oportunidad de leer eso, y me hizo recordar cuan unido soy a mi piel, a mi cuerpo. No sé si eso es bueno o malo -sentirse tan apegado a lo físico- pero me es muy difícil evitarlo, porque soy todo piel.

Por mi piel entra la sensación del viento, el agua, el frío, el calor. Incluso los nervios a veces aparecen en mi piel. Pero del mismo modo; también el dolor se hace presente, y no queda sólo en la piel.

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El dolor se extiende por toda la carne, invadiendo sentidos, descuartizando entrañas, succionando la sangre, estorbando el ritmo del corazón, perturbando el alma, rasgando todo a su paso. El dolor no respeta solicitudes ni hace tratos.

Pero, y cómo se combate el dolor?

Hay dolores que pueden ser disminuidos con medicamentos, pero si el dolor es producto de enamorarse, o querer a alguien y sentirse decepcionado, o saberse usado y desvalorado por alguien querido. Ese dolor ha causado daño en el organismo y la piel, y por lo mismo; no hay receta médica.

Peor aún si somos seres de piel. En ese caso; creo que el dolor sólo se combate refugiándose en muchos lamidos, tiempo, y mimos. Durante el proceso de “curación”, nuestra piel irá mutando paulatinamente hasta que la piel vieja termine su éxodo, y la nueva tome el lugar que le corresponde: llenarse de sensaciones…aunque sean dolorosas.

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Published in: on July 27, 2009 at 5:35 pm  Comments (1)  
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Los puentes frente a nosotros

Rara vez me percato que me dirijo a algún lugar en particular. Más bien acostumbro a seguir mis instintos, y cuando he llegado a algún lado, recién asimilo lo que he hecho.

Claro que existen excepciones: cuando intento cruzar puentes.

Los puentes tienen un sabor mágico, una sensación especial y espacial. Por cada puente existe un punto de partida y -al menos, eso se supone- otro de llegada o fin.

Enfrentarse a un lado del puente, sabiendo que debemos recorrerlo entero para recién completar la aventura de cruzarlo, es una experiencia siempre distinta; sobre todo cuando no sabemos dónde o cómo terminaremos.

Pero además, existen aquellos puentes que constantemente construimos afanosamente; o bien, sin enterarnos.

Los puentes que construímos

Construimos puentes con nuestros pares, con nuestros amigos y familiares. Probablemente no son puentes con tanto sabor a aventura pues son caminos relativamente conocidos -y a veces obligados- y mantener esos puentes en buenas condiciones muchas veces es un acto reflejo.

Pero qué sucede con los puentes que deseamos construir conscientemente?

Cuán responsables somos por la ruta trazada -si es que siquiera nosotros la definimos?

Cómo es que unilateralmente, esa ruta de pronto simplemente ya no sea accesible, cuando siempre hubo 2 puntos de acceso?

Acaso derrumbamos puentes tan rápidamente después que costó tanto esfuerzo construirlos?

No es fácil conocerse a sí mismo, y mucho menos conocer a otros. Pero cuando tenemos la oportunidad de conocer otras personas, crear puentes hacia otros mundos y maravillarnos con el viaje, qué sucede que de pronto pareciera que terminamos destruyendo esos accesos.

Creo que la  vida se empeña en que aprendamos a no derrumbar puentes, sino a construirlos, y de vez en cuando; mantenerlos, al menos para que otros puedan cruzar hacia nosotros, o hacia otros mundos.

Published in: on July 24, 2009 at 5:14 pm  Leave a Comment  
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